“Me sentía atontado por el sueño, porque el sueño diurno es como el pecado carnal: cuanto más dura mayor es el deseo que se siente por el, pero la sensación que se tiene no es de felicidad, sino una mezcla de hartazgo y de insatisfacción”
“La ausencia del objeto que había desencadenado mi deseo y saciado mi sed, me hizo ver de golpe tanto la vanidad de ese deseo como la perversidad de esa sed.”
Il nome della rosa
Umberto Eco. Milán. 1980
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